Primera lectura: Jon 3,1-5.10
Los habitantes de Nínive se convirtieron de su mala vida
Salmo responsorial: 24
Señor, enséñame tus caminos
Segunda lectura: 1 Cor 7,29-31
La apariencia de este mundo se termina
Evangelio: Mc. 1,14-20
Conviértanse y crean en el Evangelio
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios 15diciendo:
–Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios: arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia.
16Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban una red al agua, pues eran pescadores. 17Jesús les dijo:
–Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres.
18Inmediatamente, dejando las redes, le siguieron.
19Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. 20Los llamó. Ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.
Palabra del Señor.
PARA EL COMENTARIO:
El comienzo de la misión de Jesús, según el evangelio de Marἀcos, se caracteriza por el anuncio del evangelio y el llamado a sus primeros cuatro seguidores. La misión de Jesús viene enmarcada por la de los profetas (Mc 1,2-3): en primer lugar el anuncio de Malaquías e Isaías que en un coro singular ubican la tarea de Juan Bautista y el significado del desierto como lugar de llegada del enviado de Dios. Luego, un tríptico poderoso ubica como centro el significado misionero del bautizo de Jesús (Mc 1,9-11), circundado por la predicación preparatoria de Juan Bautista (Mc 1,4-8) y la acción preparaἀtoria del Espíritu (Mc 1,12-13). Estos dos cuadros aparecen como actividad preparatoria del momento decisivo del solemne inicio de la misión de Jesús.
Jesús inicia su actividad en las ciudades y en los caminos más multiculturales y concurridos, de una manera muy semejante a Jonás que se presenta como un profeta de la gran ciudad. Atrás queda el desierto de Judea donde el profeta Juan hacía el llamado a Israel al sumergir a sus oyentes en las aguas del Jordán. De este momento en adelante, Jesús sumerge a sus seguidores, discípulos y oyenἀtes, en una nueva dimensión: el Reino ha llegado. El Reino de Dios se hace presente por medio de todos los gestos salvadores que Jesús realiza: nuevas enseñanzas, curaciones, exorcismos, evangelización de pobres y excluidos.
El anuncio de Jesús invita a su audiencia a vivir la vida presente de una manera nueva. Atrás quedan las preocupaciones por el comercio, por el matrimoἀnio, por las tristezas y preocupaciones de cada día. La arrebatadora presencia de Dios en medio de la vida del pueblo sencillo tiene el poder de colocar las prioridades vitales en su debido orden y de aplazar las urgencias inevitables de cada día. Como dice Pablo en la segunda lectura, “la representación de este mundo se termina”.
El tiempo llega a su término. Pero no el tiempo climático, con sus incontables vaivenes, cada día más impredecible; ni tampoco el tiempo cronológico, con el afán que el reloj imprime cada día a nuestras vidas. El tiempo al que se refiere Jesús es el tiempo histórico de maduración de procesos personales, sociales, naturales y cósmicos. El llamado tiempo “kairótico”. Tiempo de transformación y de opciones vitales. Jesús, misionero de ciudades y caminos, nos llama hoy a descubrir cómo podemos cambiar de mentalidad para aceptar y creer en su evangelio de gracia, misericordia, solidaridad y perdón.
*Fuentes: preparado por CICLA organismo de los misioneros claretianos de Latinoamérica






