Primera lectura: 2 Sm 6,12b-15.17-19
Iban llevando el arca del Señor entre vítores
Salmo responsorial: 23
¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor en persona.
Evangelio: Mc. 3,31-35
¿Quién es mi madre y mis hermanos?
Fueron la madre y los hermanos de Jesús, se detuvieron fuera y lo mandaron a llamar. 32La gente estaba sentada en torno a él y le dijeron: –Mira, tu madre y tus hermanos [y hermanas] están fuera y te buscan. 33Él les respondió: – ¿Quién es mi madre y mis hermanos?
34Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de él, dijo: –Miren, éstos son mi madre y mis hermanos. 35[Porque] el que haga la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Palabra del Señor.
PARA EL COMENTARIO:
Seguir a Jesús significa aprender a obedecer a Dios. Y obedecer a Dios significa desandar muchos aprendizajes que han forjado nuestra vida. Los parientes de Jesús se rigen por la costumbre. Son personas muy religiosas, pero que piensan como todos los vecinos: que eso de anunciar el evangelio a los pobres es un asunto de los profesionales de la religión. Es decir, que ser sabio, profeta o conἀsagrado es una tarea de un selecto grupo de élite y que quienes se atrevan a cambiar esa costumbre son locos o por lo menos hijos desobedientes. Jesús es plenamente consciente de esta limitación de su cultura y, en general, de casi toda cultura. Por eso decide escuchar primero a Dios y discernir su volunἀtad para decidir en libertad. Cierta gente de espíritu maligno, sus adversarios y hasta su familia intentan sacarlo de la familia del Reino que él está inauguἀrando con sus palabras y acciones. Él sabe cuál es su centro e invita a quienes lo buscan a buscar ese centro por medio de la escucha de la palabra de Dios y del discernimiento de su voluntad. ¿Queremos ser los hermanos y hermanas de Jesús que lo escuchan con atención o preferimos quedarnos afuera?
*Fuentes: preparado por CICLA organismo de los misioneros claretianos de Latinoamérica





