Primera lectura: 2 Sm 12,1-7a.10-17
¡He pecado contra el Señor!
Salmo responsorial: 50
¡Oh Dios, crea en mí un corazón puro!
Evangelio: Mc. 4,35-41
Hasta el viento y el lago le obedecen
Aquel día al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: –Pasemos a la otra orilla. 36Ellos despidieron a la gente y lo recogieron en la barca tal como estaba; otras barcas lo acompañaban. 37Se levantó un viento huracanado, las olas rompían contra la barca, que se estaba llenando de agua. 38Él dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: –Maestro, ¿no te importa que naufraguemos? 39Él se levantó, increpó al viento y ordenó al lago: –¡Calla, enmudece! El viento cesó y sobrevino una gran calma. 40Y les dijo: –¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe? 41Llenos de temor se decían unos a otros: –¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?
Palabra del Señor.
PARA EL COMENTARIO:
La barca es un lugar de enseñanza, un medio para marchar a un retiro espiritual, un puente hacia los territorios extranjeros y un lugar de encuentro con el Jesús vencedor de la muerte. En el evangelio de Marcos hasta ahora los discípulos que le siguen lo han visto realizar acciones maravillosas de curación, de enseñanza y de solidaridad. Quedan aún más sorἀprendidas por el poder que él tiene para serenar los temores y las dudas de sus seguidores. La borrasca repentina amenaza la barca, pero el mayor riesgo viene de sus tripulantes que se exaltan y no confían en Jesús. La barca, entonces, se les convierte a sus discípulos en desafío: o confían en el maestro o zozobran ante sus propios miedos. Los discípulos quedan sorprendidos por la capacidad de Jesús de someter las amenazas del viento huracanado y el mar agitado. Nosotros, nos sorprendemos por la actitud de los discípulos, quienes, después de un largo recorrido, aún no confían en Jesús y, menos aún le obedecen. Si vamos a subirnos en esa barca llamada seguimiento de Jesús debemos aprender a obedecerle y a confiar en él; si no prenderemos las alarmas más por nuestros temores que por el peligro real de las amenazas.
*Fuentes: preparado por CICLA organismo de los misioneros claretianos de Latinoamérica





