Destacados

Tardó, pero llegó: una bienvenida ley antidiscriminación Tardó, pero llegó: una bienvenida ley antidiscriminación El congreso nacional de Chile ha aprobado, y ahora está a punto de convertirse en ley, la idea de no discriminar. ¿Qué busca esta norma...

Leer más

¿Celebrar? el Día de los Trabajadores El 1 de mayo de 1986 en Chicago, EE.UU., una huelga marcó lo que sería el primer Día de los Trabajadores. En medio de una lucha por reivindicaciones sociales que apuntaban a disminuir las horas laborales...

Leer más

Santo comercio de Semana Santa Hasta hace algunos años, aún podíamos vivir con un sentido “real” algunas de las principales festividades religiosas todavía vigentes en nuestra sociedad. Pero actualmente es imposible pensar en...

Leer más

¡Necesita! Las piezas del Mac donde escribo esto acabarán en Ghana, país-vertedero de la informática occidental. Cuando Apple decida que el ciclo de vida de este ordenador está agotado, lanzará al mercado...

Leer más

Los peligros de la arrogancia del imperio Me cuento entre los que se entusiasmaron con la elección de Barack Obama para presidente de Estados Unidos, especialmente viniendo después de G. Bush Jr, presidente belicoso, fundamentalista y de poquísimas...

Leer más

  • Prev
  • Next

Diario Bíblico: Domingo 5 de Febrero de 2012

Categoria : Diario Bíblico

5º domingo del tiempo ordinario

 Primera Lectura: Job 7,1-4.6-7

Mis días se consumen sin esperanza

Salmo responsorial: 146

Alaben al Señor, que sana los corazones destrozados

Segunda Lectura: 1 Cor 9,16-19.22-23

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

 Evangelio: Mc 1,29-39.

“Sanó a muchos enfermos de diversos males”

 Al salir de la sinagoga con Santiago y Juan, Jesús se diri­gió a casa de Simón y Andrés. 30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo comunicaron inmediatamente. 31Él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

32Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron toda clase de enfermos y endemoniados. 33Toda la población se agolpaba a la puerta. 34Él sanó a muchos enfermos de do­lencias diversas y expulsó muchos demonios, pero a éstos no les permitía hablar, porque sabían quién era él. 35Muy de madrugada se levantó, salió y se dirigió a un lugar des­poblado, donde estuvo orando. 36Simón y sus compañeros salieron tras él 37y cuando lo alcanzaron, le dijeron: –Todos te están buscando. 38Les respondió: –Vámonos de aquí a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues a eso he venido. 39Y fue predicando en las sinagogas de toda Galilea y expulsando demonios.

Palabra del Señor.

PARA EL COMENTARIO:

En el evangelio percibimos que la conciencia que tiene Jesús de la urgencia e importancia le impide anclarse en el éxito in­mediato alcanzado en Cafarnaún. Jesús se ha ganado a la gente sencilla por la claridad de su enseñanza y, sobre todo, por su enor­me capacidad para transformar la vida física, mental y espiritual de personas enfermas. El evangelio que él se ha propuesto como tarea primordial (Mc 1,15) se hace realidad en la conciencia, la salud y la espiritualidad del pueblo. Tanto es así que tanto los escribas, maestros autorizados de la Ley, como los demonios y los espíritus inmundos se ven amenazados por la acción de Jesús. Por eso buscan entorpecer su actividad didáctica, terapéutica y formativa, recurriendo a diversas estratagemas.

En la segunda lectura, Pablo comparte también esa misma urgencia misionera que caracteriza a Jesús. Pablo reconoce el alcance e importancia que tiene la predicación del evangelio para la comunidad que lo acoge. No se deja tentar por la costumbre de la época en la que se valoraba más el prestigio del orador o la habilidad del predicador que el mensaje mismo. Para Pablo el anuncio del evangelio es de tal valor que se inserta en medio de los pobres, esclavos y excluidos para compartir con ellos la esperanza encarnada en Jesús. Pablo renuncia a todo, incluso a sus legítimos derechos, con tal de que ninguna ventaja le estorbe en el anuncio del mensaje de salvación.

El mensaje de Jesús continuado por Pablo encuentra su mayor impacto entre las personas quebradas por el sistema político, social, religioso y cultural. Quienes se congregan en torno a Jesús o a los primeros evangelizadores cristianos son personas que como Job, sienten que la vida es sólo una jornada de arduo trabajo con la que apenas se logra sobrevivir. Esclavos, jornaleros, desempleados, enfermos, endemoniados y toda clase de desespera­dos acuden, tan pronto cae la tarde, a buscar alivio y consuelo en el evangelio. Los primeros evange­lizadores comparten una esperanza de redención definitiva con esa humanidad avergonzada, excluida y humillada. Aunque no tengamos mucha conciencia de esto, al leer los evangelios o las cartas esta reali­dad salta de las páginas a nuestra mente y cuestiona la misma realidad de nuestras comunidades de fe.

¿Compartimos con Jesús y con Pablo la conciencia de la urgencia del anuncio explícito y directo del evangelio a todas las personas que se encuentran en situación de empobrecimiento, marginación, exclusión y abandono, o nos limitamos a hacer del cristianismo una bonita costumbre social?

*Fuentes: preparado por CICLA organismo de los misioneros claretianos de Latinoamérica

Deje su comentario