Primera lectura: Hch 10,25-26.34-35.44-48
El don del Espíritu se ha derramado también sobre los gentiles
Salmo responsorial: 97
El Señor revela a las naciones su salvación.
Segunda lectura: 1 Jn 4,7-10
Dios es amor
Evangelio: Jn. 15,9-17.
“Permanezcan en mi amor”
Dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me amó, así yo los he amado. Permanezcan en mi amor. 10Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11Les he dicho esto para que participen de mi alegría y sean plenamente felices. 12Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. 13Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos. 14Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. 15Ya no los llamo sirvientes, porque el sirviente no sabe lo que hace su señor. A ustedes los he llamado amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché a mi Padre. 16No me eligieron ustedes a mí; yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidan al Padre en mi nombre él se lo concederá. 17Esto es lo que les mando, que se amen unos a otros.
Palabra del Señor.
PARA EL COMENTARIO:
El grupo de creyentes convocado por la presencia viva de Jesús resucitado, es una comunidad que se caracteriza sustancialmente por la práctica del amor, el cual hizo del movimiento cristiano una experiencia alternativa y testimoniante del Reino de Dios. La vivencia del amor fraterno no sólo se constituyó en el motor de la vida de Jesús, sino que también es el eje dinamizador del Plan de Salvación previsto por Dios desde el comienzo de los tiempos, por lo tanto dicha vivencia se convierte en el principio de vida y de acción misionera de la Iglesia Cristiana, se hace el elemento “cotidiano” del grupo de seguidores, por el cual serán reconocidos en todo lugar y en todo tiempo.
El concepto de amor enmarca todas las lecturas que la liturgia nos propone en este sexto domingo de pascua, ofreciéndonos tres aspectos que identifican el amor cristiano, aspectos que son vitales para que el grupo de creyentes sea coherente con el estilo de vida propuesto por Dios, a través del testimonio vivo de su hijo Jesús.
El primer aspecto lo encontramos en el discurso de Pedro en casa de Cornelio, allí se afirma que la Buena Nueva de la salvación es para todo el mundo, no es exclusiva para los cristianos-judíos, sino que se hace extensiva a los gentiles. La experiencia del amor fraterno hace que la Iglesia de la “primera hora” sea plural e integradora, pues la comunidad la constituyen los que creen en el Resucitado y han recibido el Espíritu de Dios (cfr. V. 44), experiencia que convoca a los creyentes a vivir el amor, concretizado en la armonía fraterna y en el hecho de tener “un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32). Pedro, exponente de la tradición judía ortodoxa, pasa por una autentica conversión, una transformación radical de mente y corazón, impulsada por el mismo Espíritu, el cual lo conduce a los gentiles, sacando como conclusión lo que transmite a la gente de Cesarea en los vv. 34-35: ya no hay distinción entre judíos y gentiles, sino que todos son iguales a los ojos de Dios si viven de acuerdo a su voluntad. Con esto la Iglesia rompe los límites de la sinagoga y abre sus puertas a la pluralidad; iniciando, de esta manera, la misión universal en donde el verdadero protagonista es el Espíritu Santo, que actúa en judíos y paganos, en todos los pueblos, en todas las culturas, en todos los que creen que el amor es la fuerza que transforma la humanidad.
El segundo elemento vital que vincula a la comunidad cristiana con el amor entrañable de Dios nos lo comunica san Juan en su primera carta cuando nos dice que amar es lo propio, lo característico de los hijos de Dios, puesto que es lo propio de Dios. “Dios es Amor” y esto se confirma a lo largo de la historia de salvación, pues ha sido un proceso de amor entrañable de Dios por su pueblo, coinvirtiéndose en el eje alentador y esperanzador tanto del pueblo de Israel como de la comunidad cristiana.
En esta misma línea, evidenciamos que el tercer aspecto que caracteriza el amor cristiano es la necesidad urgente de asumir los mismos comportamientos y actitudes de Jesús, fundamentados en su vivencia radical del amor recibido de Dios para con la humanidad, lo cual se sintetiza de la siguiente manera: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Jesús se hace modelo de amor para sus discípulos, pues él experimentó en sus entrañas el sufrimiento y el dolor de los demás. La comunidad cristiana debe asumir como criterio de vida el “amarse los unos a los otros” para que pueda ser “amiga” de Jesús y para que realmente se sienta con la autoridad suficiente de pedir, orar y anunciar el amor entrañable del Padre.
*Fuentes: preparado por CICLA organismo de los misioneros claretianos de Latinoamérica








