Primera lectura: Hch 22,30;23,6-11
Tienes que dar testimonio en Roma
Salmo responsorial: 15
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Evangelio: Jn 17,20-26: Que también ellos sean uno en nosotros
Oró Jesús al Padre diciendo: No sólo ruego por ellos, sino también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras. 21Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. 22Yo les di la gloria que tú me diste, para que sean uno como lo somos nosotros. 23Yo en ellos y tú en mí, para que sean plenamente uno; para que el mundo conozca que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí. 24Padre, quiero que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy; para que contemplen mi gloria; la que me diste, porque me amaste antes de la creación del mundo. 25Padre justo: el mundo no te ha conocido; yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. 26Les di a conocer tu nombre y se lo daré a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo en ellos.
COMENTARIO:
El evangelista Juan pone en evidencia el gran deseo de Jesús: “Que todos sean uno, como lo somos nosotros”; éste es el ideal de vida para la comunidad de creyentes de todos los tiempos; es la característica principal del discípulo de Cristo, y por lo mismo de la Iglesia. Si profundizamos en las palabras que componen este relato, vamos a ver evidente que el autor escribe con el objetivo de invitar a la comunidad a que se mantenga unida a Cristo, ya que los intereses personales, la búsqueda de poder y la fuerte influencia del imperio romano estaban dividiendo internamente a la comunidad de seguidores. Por eso, Juan pone de manera urgente como modelo de unidad y de fidelidad la relación de amor entre Jesús y el Padre, fuente de comunión y de unidad entre los creyentes. Si la Iglesia no vive el amor fraterno, si no se interesa por la causa del Reino de Dios, rompe esa unidad de amor que Jesús dejó como herencia a sus discípulos y pierde su carácter sacramental en el mundo. – Hoy necesitamos una Iglesia que manifieste a la sociedad actual su unión con el proyecto iniciado por Jesús, a través de la creatividad, la solidaridad con los más pobres y el amor real entre los hermanos.







