| Diario Bíblico: 23 de diciembre de 2009 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: Mal 3,1-4.23-24Les enviaré al profeta Elías Salmo: 24 Evangelio: Lc 1,57-66 Su nombre es Juan Cuando a Isabel se le cumplió el tiempo del parto, dio a luz un hijo. 58Los vecinos y parientes, al enterarse de que el Señor la había tratado con tanta misericordia, se alegraron con ella. 59Al octavo día fueron a circuncidarlo y querían llamarlo como su padre, Zacarías. 60Pero la madre intervino: –No; se tiene que llamar Juan. 61Le decían que nadie en la parentela llevaba ese nombre. 62Preguntaron por señas al padre qué nombre quería darle. 63Pidió una pizarra y escribió: Su nombre es Juan. Todos se asombraron. 64En ese instante se le soltó la boca y la lengua y se puso a hablar bendiciendo a Dios. 65Todos los vecinos quedaron asombrados; lo sucedido se contó por toda la serranía de Judea, 66y los que lo oían reflexionaban diciéndose: –¿Qué va a ser este niño? Porque la mano del Señor lo acompañaba. Comentario Este pasaje del Evangelio muestra que las promesas de Dios se cumplen. El cumplimiento de las palabras del ángel a Zacarías se da en el nacimiento de un hijo al que llamarían Juan, y su consagración por el Espíritu de Dios. Juan es la bisagra profética que cierra el Antiguo Testamento y abre la irrupción del Nuevo; la irrupción hecha realidad en el Mesías de Dios por excelencia, Jesús. De nuevo la alegría es la respuesta a la acción misericordiosa de Dios ante la imposibilidad humana. El que no creía en las promesas de Dios, Zacarías, ahora las reconoce en su realización. El niño es don de Dios y no simplemente fruto de un capricho humano. Este niño está claramente llamado a llevar una misión en un momento crucial de la vida del pueblo de Dios. Juan ocupa, pues, un momento decisivo en la historia de la salvación. Este será el que anunciará la venida inexorable del reino y el reinado de Dios. La invitación que nos propone el evangelio es a reconocer la grandeza y el interés comprometido de Dios por la salvación de la humanidad, y la consecuente respuesta humana a tal compromiso. Estamos llamados a mostrar el acontecer de Dios y su reino siendo sus precursores históricos. |
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Primera Lectura: Mal 3,1-4.23-24