| Diario Bíblico: 26 de diciembre de 2009 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: Hch 6,8-10; 7, 54-60Veo el cielo abierto Salmo: 30 Evangelio: Mt 10,17-22 El Espíritu de su Padre hablará por ustedes Previno Jesús: ¡Cuidado con la gente!, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. 18Los harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y los paganos. 19Cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir; 20pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre hablará por ustedes. 21Un hermano entregará a la muerte a su hermano, un padre a su hijo; se rebelarán hijos contra padres y los matarán. 22Serán odiados por todos a causa de mi nombre. Quien resista hasta el final se salvará. Comentario El evangelista Mateo nos pone en perspectiva de lo que significa seguir a Jesús. Nos muestra cuáles son las exigencias y riesgos con los que tiene que contar un auténtico discípulo de Cristo. Es obvio que la comunidad mateana estaba pasando por situaciones de sufrimientos y persecuciones, situación que también tuvo que pasar Jesús. Recordemos que los cristianos fueron expulsados por los judíos en el año 70, por el hecho de anunciar la Buena Nueva de Jesucristo. Tuvieron que comparecer ante tribunales, fueron maltratados y ultrajados. Pero no todo es dolor, sufrimientos y contradicciones; también hay un mensaje de aliento y esperanza para todos aquéllos que se arriesguen asumir este camino liberador: ¡no se preocupen por lo que van a decir! Esa confianza fue la que tuvo el santo que celebramos en este día, san Esteban, quien fue el primer mártir del cristianismo. Anunció incansablemente el Evangelio, fue apresado y lo llevaron ante el Sanedrín para interrogarlo. Fue calumniado y posteriormente apedreado por los judíos. Hombres como Esteban que, sin importar las consecuencias, no se cansan de anunciar la justicia, la verdad, el amor y misericordia de Dios, es lo que necesita nuestro mundo, tan lleno de injusticias, guerras, hambre, cobardías, inconsecuencias… |
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Primera Lectura: Hch 6,8-10; 7, 54-60