| Diario Biblico: 19 de enero de 2010 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: 1Sm 16, 1-13Ungió Samuel a David en medio de sus hermanos, y en aquel momento lo invadió el espíritu del Señor Salmo: 88 Encontré a David mi siervo Evangelio: Mc 2, 23-28 El sábado se hizo para el hombre 23Un sábado mientras atravesaba unos campos de trigo, los discípulos se pusieron a arrancar espigas. 24Los fariseos le dijeron: –Mira lo que hacen en sábado: ¡Algo prohibido! 25Jesús les respondió: –¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros pasaban necesidad y estaban hambrientos? 26Entró en la casa de Dios, siendo sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes consagrados, que pueden comer sólo los sacerdotes, y los compartió con sus compañeros. 27Y añadió: –El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. 28De manera que el Hijo del Hombre es Señor también del sábado. Comentario La religión tiene que estar constantemente en observación para que con sus prácticas no llegue a colocar la vida al servicio de las normas institucionales, muchas veces carentes de bondad y de fraternidad. Para la sociedad de Jesús, poco contaba una experiencia de fe vivida desde la libertad y la alegría, dónde el amor y la bondad colocaban la medida. Todo se media desde el cumplimiento y el incumplimiento, desde la pureza o la impureza, desde lo que era legal o ilegal. Para ese modelo religioso lo trascendente se entendía como lo alejado, como lo infinitamente distante, como la ley que no permite diálogo, dispensas, excepciones. Pero Jesús con su vida, determinada desde una palabra refrendada con su acción liberadora, demuestra que lo verdaderamente trascendental es lo profundamente humano, lo realmente cercano, lo verdaderamente vital. Una vivencia de la ley, tal cual como la encontró Jesús en su tiempo, no lleva al ser humano a la conversión, sino a la perversión. Conduce a los creyentes a no tener un corazón humilde frente a Dios ni sensible frente a la opresión y al sufrimiento humano, sino al orgullo, a la insensibilidad y a la cerrazón de corazón. ¡Estemos atentos! Esto no es ajeno, a nuestra experiencia cristiana. |
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Primera Lectura: