| Diario Bíblico: 21 de enero de 2010 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: 1Sm 18, 6-9Mi padre Saúl te busca para matarte Salmo: 55 En Dios confío y no temo. Evangelio: Mc 3, 7-12 ¡Tú eres el Hijo de Dios! 7Jesús se retiró con sus discípulos junto al lago. Le seguía una multitud desde Galilea, Judea, 8Jerusalén, Idumea, Transjordania y del territorio de Tiro y Sidón. Una multitud, al oír lo que hacía, acudía a él. 9Entonces dijo a los discípulos que le tuvieran preparada una barca, para que el gentío no lo apretujase. 10Ya que, como sanaba a muchos, los que sufrían achaques se le tiraban encima para tocarlo. 11Los espíritus inmundos al verlo caían a sus pies gritando: ¡Tú eres el Hijo de Dios! 12Y los reprendía severamente para que no lo descubrieran. Comentario Jesús es seguido por la multitud. Una gran masa amorfa, lo persigue y quiere estar allí donde él está. La masa, va detrás de Jesús, no por un proceso de conversión profunda, ni por la propuesta del Reino de Dios, mucho menos tienen deseos de comenzar una desestructuración del egoísmo que carcome sus vidas y destruye a su sociedad. Todos ellos van buscando circo y pan. El Evangelio, desde la primera hora cristiana, advierte de cómo las masas pueden generar falsas confesiones sobre Jesús y enredar al cristianismo en falsas esferas que no son las suyas. El Cristianismo, embriagado muchas veces, en lo cuantitativo de las masas, descuidó lo cualitativo de las pequeñas comunidades, presentando en muchas ocasiones un Jesús diferente a como se entendió él mismo y, a como nos los testifican los relatos evangélicos. Jesús, no es un Dios encumbrado. No es el Señor del Poder. Su acción consiste en sentir el dolor y la miseria de la humanidad, para llevar a los hombres y mujeres a su plenificación. Revisemos lo que entendemos de Jesús y la manera como lo confesamos al mundo entero. Quizás nuestra actitud, sea igual a la de los endemoniados del Evangelio de Marcos. |
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Primera Lectura: