| Diario Bíblico: 25 de junio de 2010 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: 2Re 25, 1-12Marchó Judá al destierro Salmo: 136 Que se me pegue la lengua al paladar / si no me acuerdo de ti Evangelio: Mt 8, 1-4 Si quieres, puedes sanarme 1Cuando bajaba del monte le seguía una gran multitud. 2Un leproso se le acercó, se postró ante él y le dijo: –Señor, si quieres, puedes sanarme. 3Él extendió la mano y le tocó diciendo: –Lo quiero, queda sano. Y en ese instante se sanó de la lepra. 4Jesús le dijo: –No se lo digas a nadie; ve a presentarte al sacerdote y, para que les conste, lleva la ofrenda establecida por Moisés. Comentario El anuncio de Jesús es la manifestación del Reino en medio de los más desposeídos. En este relato el leproso se encuentra fuera de la salvación por estar impuro según la ley, lo que ya era escándalo para la multitud, además Jesús baja del monte, que para ellos era lugar de manifestación predilecta de Dios, lugar de la ley y de Moisés, pero paradójicamente no es “arriba” en el monte, cuando se acerca a Jesús el leproso, es abajo en medio de la gran multitud cuando le dice:“si quieres, puedes limpiarme”, el leproso está diciendo, haz que mi condición de hombre vuelva, que pueda mirar, que pueda sentir, que pueda acercarme a los demás, en definitiva, si quieres, haz de mi nuevamente una persona. Es un texto maravilloso, motivador, Dios no está arriba, lejos en el monte, está con y en medio de las personas, el despreciado pide porque Jesús le inspira el deseo de cambiar, le infunde la convicción de sus derechos, pide, por que reconoce en Jesús alguien especial, y el maestro ante aquel grito de compasión, no puede menos que solidarizar con él, dándole lo que el leproso pide porque es también lo que Dios quiere. |
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Primera Lectura: 2Re 25, 1-12