| Diario Bíblico: 26 de junio de 2010 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: Lam 2, 2. 10-14. 18-19Grita al Señor, laméntate, Sión Salmo: 73 No olvides sin remedio la vida de tus pobres. Evangelio: Mt 8, 5-17 Y los sanó 5Al entrar en Cafarnaún, un centurión se le acercó y le suplicó: 6–Señor, mi muchacho está postrado en casa, paralítico, y sufre terriblemente. 7Le dijo: Yo iré a sanarlo. 8Pero el centurión le replicó: –Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que digas una palabra y mi muchacho quedará sano. 9También yo tengo un superior y soldados a mis órdenes. Si le digo a éste que vaya, va; al otro que venga, viene; a mi sirviente que haga esto, y lo hace. 10Al oírlo, Jesús se admiró y dijo a los que le seguían: –Les aseguro, que no he encontrado una fe semejante en ningún israelita. 11Les digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. 12Mientras que los ciudadanos del reino serán expulsados a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 13Al centurión, Jesús le dijo: –Ve y que suceda como has creído. En aquel instante el muchacho quedó sano. 14Entrando Jesús en casa de Pedro, vio a su suegra acostada con fiebre. 15La tomó de la mano, y se le pasó la fiebre; entonces ella se levantó y se puso a servirle. 16Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él con una palabra expulsaba los demonios, y todos los enfermos sanaban. 17Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades. Comentario En la primera lectura vemos la experiencia intensa del dolor y desolación (v.2,12 ), mujeres que lloran la muerte de los inocentes, el abandono y la profunda herida que vive el Pueblo; ya ninguna palabra ni promesa tiene sentido, han dejado de creer. El evangelio trae la Buena Noticia de Jesús porque sana las heridas y devuelve la fe. En el relato del soldado, lo más importante no es la curación del muchacho, sino la fe del centurión, que forma parte de los excluidos de las promesas de Dios, por ser pagano, soldado y romano, en un acto de humildad y valentía profesa la certeza de su fe, Jesús se sorprende y concede al soldado lo que pide, pero más aún lo alaba frente a todos. Con la suegra de Pedro sucede algo similar, después que Jesús la toca, se levanta y se pone a servir (v, 15), porque quien es tocado, conmovido por Jesús, no puede menos que levantarse, volver a tener confianza, y una vez de pie, sólo queda el servicio; la expresión máxima del amor al prójimo. Entonces, nunca perder la confianza en Dios por más difíciles que sean las circunstancias, y nunca perder la certeza de su presencia en nuestra vida. |
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Primera Lectura: Lam 2, 2. 10-14. 18-19