| Diario Bíblico: domingo 27 de junio de 2010 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: 1Re 19, 16b. 19-21Eliseo se levantó y marchó tras Elías Salmo: 15 Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. Segunda Lectura: Gál 5, 1. 13-18 Vuestra vocación es la libertad Evangelio: Lc 9, 51-62 Te seguiré adonde vayas 51Cuando se iba cumpliendo el tiempo de que se lo llevaran al cielo, emprendió decidido el viaje hacia Jerusalén, 52y envió por delante unos mensajeros. Ellos fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle alojamiento. 53Pero éstos no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. 54Al ver esto, Juan y Santiago, sus discípulos, dijeron: –Señor, ¿quieres que mandemos que caiga un rayo del cielo y acabe con ellos? 55Él se volvió y los reprendió. 56Y se fueron a otro pueblo. 57Mientras iban de camino, uno le dijo: –Te seguiré adonde vayas. 58Jesús le contestó: –Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59A otro le dijo: –Sígueme. Le contestó: –[Señor], déjame primero ir a enterrar a mi padre. 60Le dijo: –Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el reino de Dios. 61Otro le dijo: –Te seguiré, Señor, pero primero déjame despedirme de mi familia. 62Jesús [le] dijo: –El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios. Comentario La primera lectura nos relata la vocación de Eliseo. Llama la atención la disposición de Eliseo de dejar todo atrás, para seguir a Elías, el signo que hace el profeta de cubrirlo con el manto, representa la autoridad de quien hace el gesto, y también de sus derechos como dueño. La llamada que se le hace a Eliseo para seguir el camino “de y con” el Profeta Elías, es misteriosa, repentina y clara, pero antes de seguirlo Eliseo pide a Elías autorización para despedirse de su casa, de su vida anterior, para comenzar el nuevo camino que le espera. Percibimos entonces que en el texto está presente, un llamado y una aceptación. En la segunda lectura, Pablo escribe a la comunidad de los Gálatas, una carta apasionada, en la que desea hacerles comprender, que el evangelio de Jesús invita a la libertad de quien lo acoge, libertad que está sobre las obras y las prácticas rituales que ordenaba la Ley, en este caso se refiere en especial a la circuncisión, pues el adherirse a Cristo, implica ser libres para el servicio en favor de los otros sin importar su condición. Teniendo claro, por supuesto, que la verdadera libertad es opuesta al libertinaje, libertad que tiene el límite de terminar donde comienza la libertad del otro. En el evangelio, Jesús está dispuesto para dirigirse a Jerusalén, aunque sus discípulos no están muy seguros, pues ya saben de muchos detractores y parece peligroso, sin embargo Jesús insiste en ir, y para sorpresa de sus discípulos decide hacerlo por la tierra de Samaría, lugar históricamente conflictivo entre judíos y Samaritanos, y allí lógicamente no les dan hospedaje. Santiago y Juan se enfurecen y violentan, pero Jesús reprende su violencia y se van por otro camino (a otro pueblo). Ya en el camino, peticiones, llamadas y condiciones para seguirlo, al primero que quiere seguirle le advierte que en esta nueva forma de vida, no tendrá seguridades (bienes materiales), al segundo que desea seguirlo, Jesús le responde que no debe poner condiciones ( bueno ya, pero primero…), y al tercero le dice que una vez que se acepta la llamada no hay vuelta atrás, se debe dejar todas las ataduras, cambiar la mentalidad porque es una nueva forma de vida, totalmente distinta. Observemos que, si en el Antiguo Testamento, en la llamada de Elías a Eliseo aún hay posibilidad de volver a despedirse, con Jesús la llamada es radical, perentoria; dejar atrás ataduras y seguridades, pero libremente (Gál.5,1), pero aún, más que nada exigente, porque quien se decide a seguir a Jesús, debe conocer las exigencias del Reino; ya no tendrá tierra o casa propia, sino que la tierra, es tierra de todos, dejar que los muertos entierren a los muertos, es decir, no perder el tiempo con quienes no quieren cambiar, estos ya tienen un camino que no cambiará, la única preocupación será entregarse por aquellos desposeídos, discriminados y abandonados, que necesitan con urgencia el mensaje. Su familia ya no será sólo la unida por lazos sanguíneos (Lc.8,21), pues toda la humanidad se debe convertir en la gran familia que propicia y se dispone a vivir la nueva vida del Reinado de Dios. Cada uno es llamado por su nombre como decíamos ayer, también es libre de decidir si acepta o no este seguimiento, las condiciones son claras y precisas, o nos decidimos a seguirlo y cambiamos nuestra vida o simplemente no lo seguimos, no hay medias tintas, entonces la pregunta para todos nosotros es: hasta hoy, ¿cuál ha sido mi verdadera opción de vida? |
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Primera Lectura: 1Re 19, 16b. 19-21