| Diario Bíblico: 2 de julio de 2010 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: Am 8, 4-6. 9-12No hambre de pan, sino de oír la Palabra Salmo: 118 No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Evangelio: Mt 9, 9-13 No tienen necesidad de médico los sanos 9Cuando se iba de allí vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado junto a la mesa de recaudación de los impuestos. Le dice: –Sígueme. Él se levantó y le siguió. 10Estando Jesús en la casa, sentado a la mesa, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y se sentaron con él y sus discípulos. 11Al verlo, los fariseos dijeron a los discípulos: –¿Por qué su maestro come con recaudadores de impuestos y pecadores? 12Él lo oyó y contestó: –No tienen necesidad del médico los sanos, sino los enfermos. 13Vayan a aprender lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios. No vine a llamar a justos, sino a pecadores. Comentario Los rabinos incluían a los publicanos en la misma categoría que a los asesinos, los ladrones y los impuros, y aprobaban el mentirles para escapar a los impuestos, tales personas eran consideradas incapaces de pertenecer al Reino mesiánico y a menudo se asociaban con pecadores y gentiles. Pero Jesús ofrece a Mateo esta simple invitación: Sígueme a la que responde de inmediato con gozo. Esto no fue meramente un llamamiento al discipulado, sino una invitación a entrar en el Reino. Algunos fariseos se asombran ante los discípulos de que su maestro coma con pecadores. Jesús declara entonces, que ha venido para los enfermos y los pecadores y no para los sanos y justos. Jesús piensa sin duda en aquellos que se creen justos que son incapaces de entender que la misericordia divina trasciende la pobreza del hombre. Jesús opone entonces una religión reducida a la justicia del hombre, a una religión basada sobre la misericordia divina. La actitud de los fariseos nos recuerda, a la actitud del hijo mayor celoso de la bondad del Padre hacia el hijo menor (Lc. 15,11-32) Ahora Jesús ha inaugurado un tiempo nuevo, donde todos pueden acceder a participar del Reino, el único requerimiento que hace Jesús es la conversión, cambio de vida, de esta forma todos participan de la misericordia divina, y la comunidad debe saber acoger a aquel que se convierte y celebrar con alegría este acontecimiento. |
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Primera Lectura: Am 8, 4-6. 9-12