| Diario Bíblico: 3 de julio de 2010 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: Ef 2,19-22Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles Salmo: 116 Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio Evangelio: Jn 20,24-29 ¡Señor mío y Dios mío! 24Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Los otros discípulos le decían: –Hemos visto al Señor. Él replicó: –Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré. 26A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: –La paz esté con ustedes. 27Después dice a Tomás: –Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. 28Le contestó Tomás: –Señor mío y Dios mío. 29Le dice Jesús: –Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto. Comentario Los otros discípulos han visto al Señor resucitado y han creído en El; sin embargo Tomás no acepta su palabra. Al exigir que se le deje examinar el cuerpo de Jesús pide mas de lo que se le ofreció a los demás discípulos, Jesús les mostró sus manos y costado y ellos se alegraron al ver al Señor, pero Tomas quiere ver y tocar. Los discípulos y Tomas representan dos actitudes distintas ante las apariciones de Jesús, los discípulos se sienten movidos a reconocerle como Señor; Tomas por el contrario, quiere comprobar por si mismo. La clave del relato es sin duda la ultima declaración de Jesús; porque me has visto Tomas has creído, felices los que creen sin haber visto. La bienaventuranza de la fe se dirige a todos aquellos que creen sin haber visto; su fe se apoya solamente en los signos, y los signos se comprenden solo con los ojos de la fe. Para el evangelista Juan, la fe que se nutre únicamente en la visión de los hechos extraordinarios o milagrosos seria generalmente deficiente. Este relato pone de relieve la confesión adecuada de la fe cristiana al citar las palabras de Tomas: Señor mío y Dios mío. Tomas es presentado como representante de los que no quieren creer sin ver, vencida su increencia, el evangelista nos lo presenta como modelo de fe. Son sus palabras las que recogen la auténtica confesión de la fe cristiana, el reconocimiento a Jesús como Señor y Dios. |
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Primera Lectura: Ef 2,19-22