| Diario Bïblico: 17 de julio de 2010 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: Miq 2, 1-5Codician los campos y se apoderan de las cases Salmo: 9 No te olvides de los humildes, Señor Evangelio: Mt 12, 14-21 Y en su nombre esperarán las naciones. 14Los fariseos salieron y deliberaron cómo acabar con él. 15Pero Jesús se dio cuenta y se fue de allí. 15Le seguían muchos; sanaba a todos 16y les pedía encarecidamente que no lo divulgaran. 17Así se cumplió lo que anunció el profeta Isaías: 18Miren a mi siervo, a mi elegido, a quien prefiero. Sobre él pondré mi Espíritu para que anuncie la justicia a las naciones. 19No gritará, no discutirá, no voceará por las calles. 20No quebrará la caña débil, no apagará la vela vacilante, hasta que haga triunfar la justicia. 21Y en su nombre esperarán las naciones. Comentario El evangelista Mateo hace un recuento sobre las curaciones de Jesús, insistiendo especialmente en su deseo expreso de mantener el secreto sobre sus milagros. El Mesías libra efectivamente la victoria sobre el mal, pero ésta no es concedida más que a quienes aceptan entrar en la nueva comunidad de los creyentes. El secreto es la única defensa de que Jesús dispone frente a un entusiasmo popular y superficial que nada tiene en común con la fe. Los sinópticos formulan a este respecto una doctrina casi común. Pero Mateo está más atento a esa discreción del Mesías en su ministerio, en la que ve la realización del oráculo de Isaías sobre el siervo sufriente. Mateo comparte la mentalidad de las primeras comunidades cristianas que leían en la vida de Jesús el cumplimiento de las profecías anunciadas por los profetas. La misión del discípulo de Jesús es levantar al que esta caído y dar fuerza a quienes lo necesitan y se encuentran en dificultad. No podemos permanecer indiferentes ante las necesidades de los demás, ante la cruz que se descarga colectivamente sobre el pueblo y en especial sobre aquello que sufren la marginación, y no darnos cuenta de la gran responsabilidad que tenemos con todas las personas que comparten nuestro destino. Esta misión no se realizara por conquista y por empleo de la fuerza, sino por medio de un testimonio simple y fiel dado de acuerdo con las situaciones reales de los seres humanos. |
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Primera Lectura: Miq 2, 1-5