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Diario Bíblico: 20 de julio de 2010 PDF Imprimir E-mail
Contribuido por CICLA   
ImagePrimera Lectura: Miq 7, 14-15. 18-20
Arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos

Salmo: 84
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Evangelio: Mt 12, 46-50
Éstos son mi madre y mis hermanos


46Todavía estaba hablando a la multitud, cuando se presentaron su madre y sus hermanos, que estaban afuera, deseosos de hablar con él. 47[Uno le dijo:
–Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablar contigo.]
48Él contestó al que se lo decía:
–¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos? 49Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo:
–¡Ahí están mi madre y mis hermanos! 50Cualquiera que haga la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

Comentario

En este pasaje donde los familiares de Jesús no son mencionados por sus nombres, la ‘Madre’ representa a Israel en cuanto origen de Jesús, ‘los hermanos’ al mismo Israel en cuanto miembros del mismo pueblo . Israel se queda fuera en vez de acercarse a Jesús. Este rompe su vinculación a su pueblo. Su nueva familia esta abierta a la humanidad entera; la única condición es llevar a afecto el designio de ‘Su Padre’ del cielo, que se concreta a la adhesión  a Jesús mismo. El designio de su Padre, aceptado por Jesús en el bautismo y para el cual el Padre lo capacita con el espíritu, consiste en que el hombre se comprometa hasta el final de su obra salvadora. Todo aquel que se comprometa a este compromiso de Jesús  queda unido en El por los vínculos más estrechos de amor e intimidad. Se constituye así la nueva familia, el nuevo pueblo universal. Jesús tiene ya una familia, sus discípulos, abierta a todo hombre, judío o pagano que tome la decisión de seguirlo. Se deja a una familia carnal  para encontrar la nueva familia de hijos, hermanos, padres, madres, todos y todas en la igualdad de hijos de Dios. La dimensión vertical de los lazos carnales, se convierte en la horizontalidad de relaciones del reino, y la referencia es el mismo Jesús. El discurso de Jesús de esta manera inaugura el nuevo reino, la nueva familia a la que todos tendrán la oportunidad de pertenecer si toman la actitud de discípulos, es decir escuchar su mensaje y ponerlo por obra.
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