| Diario Bíblico: 24 de julio de 2010 |
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| Contribuido por CICLA | |
Primera Lectura: Jr 7, 1-11¿Creen que es una cueva de bandidos el templo que lleva mi nombre? Salmo: 83 ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Evangelio: Mt 13, 24-30 Dejen que crezcan juntos cizaña y trigo 24Les contó otra parábola: –El reino de los cielos es como un hombre que sembró semilla buena en su campo. 25Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. 26Cuando el tallo brotó y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. 27Fueron entonces los sirvientes y le dijeron al dueño: Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿De dónde le viene la cizaña? 28Les contestó: Un enemigo lo ha hecho. Le dijeron los sirvientes: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? 29Les contestó: No; porque, al arrancarla, van a sacar con ella el trigo. 30Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha. Cuando llegue el momento, diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña, y en atados échenla al fuego; luego recojan el trigo y guárdenlo en mi granero. Comentario Este pasaje nos adentra a una realidad que está presente en el ambiente de la siembra. Jesús continua de alguna manera con la parábola de la siembra y a partir de esta comparación, explica a sus discípulos, las dificultades que comporta la misión, la cizaña, como símbolo de todo lo que se opone al Reino y que está presente. Las semillas del trigo y de la cizaña crecen juntas en la realidad concreta del campo, se entremezclan sin diferencia alguna por eso hay que dejarla crecer una al lado de la otra, para evitar que al arrancar la cizaña se lleve también con ella el trigo, cuando germine el trigo la realidad será evidente, y la evidencia del fruto permitirá reconocer la diferencia. Dar fruto, o fructificar, en la mentalidad del evangelio, permite distinguir lo bueno de lo malo y la supremacía de lo uno sobre lo otro. Podríamos decir que la intención de la parábola es advertir que desde el principio que la mies mesiánica será cosechada en el día fijado. El evangelista Mateo le da al texto un tinte escatológico, porque la mención de la mies, orienta espontáneamente la atención hacia el pensamiento del juicio final, ideas que está reforzada con la alusión al fuego que quema o destruye la cizaña y al trigo que se recoge y se almacena en los graneros. Esto se constituye en dos ideas fundamentales que recorren de principio a fin toda la parábola: separación definitiva de los buenos y los malos, con el exterminio de estos últimos, y la alegría del pueblo elegido en torno al dueño de la mies. El mensaje de esta parábola invita a todos los oyentes a saber convivir con las dificultades y las situaciones poco agradables que encontramos en la vida, el permanecer fieles, finalmente será el gran signo de nuestra pertenencia al Reino. |
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Primera Lectura: Jr 7, 1-11